Seis Grados, Argentina.- La Boca es La Boca. Nadie puede irse de Buenos Aires sin caminar por las callejuelas de la argentinidad, mezcla de tango, inmigrantes y fútbol.

La Boca es un barrio de Buenos Aires que debe su nombre al Riachuelo que allí vierte sus aguas en el Río de la Plata. Está a 5 km del Obelisco y su identidad comenzó a definirse a finales del siglo XIX con la llegada de inmigrantes italianos, mayoritariamente genoveses. 

Han pasado los años y ese rincón azul y amarillo, los colores que identifican al club Boca Juniors, mantiene rasgos clásicos del tiempo en que los conventillos albergaban a varias familias llegadas al país buscando un mejor pasar. Sus casas de chapa y madera y asentadas en pilotes para evitar las intempestivas crecidas del Riachuelo dieron paso a edificaciones más seguras y modernas pero todavía hoy es posible observar cómo era la vida en esos particulares “edificios de departamentos” de la época.

Las callecitas aledañas a la Bombonera nos llevan a otras épocas. Aún hay conventillos con vida propia y también construcciones que reclaman asistencia para seguir en pie.

El barrio de colores tiene como hijo pródigo al pintor Benito Quinquela Martín y a los referentes futboleros, con Maradona a la cabeza. 

Maradona hijo pródigo del Barrio La Boca

Caminito, es la nave insignia de la identidad del barrio. La peatonal es una suerte de museo al aire libre. Muy instagrameable. Su nombre es un homenaje al tango Caminito, de Juan de Dios Filiberto y Gabino Coria Peñaloza. En sus calles adoquinadas, sus paredes de chapas pintadas de colores llamativos y sus murales de gran contenido social, uno puede acercarse a la historia del vecindario. 

El fútbol ocupa un lugar determinante en la escenografía y las camisetas de Boca y la Selección y las imágenes de Diego, Messi y Riquelme sobresalen entre otras. Si uno levanta la vista, el fútbol lo abarca todo. 

En el Barrio La Boca, se vive la pasión del Futbol Argentino

Un logrado muñeco que emula a Lionel Messi recibe a los visitantes desde un balcón acondicionado para la ocasión y desde allí el paseo es un viaje por las pasiones futboleras y gastronómicas argentinas. El genial Diego tiene su propio templo donde la feligresía maradoniana puede llevarse algún recuerdo del crack argentino que hizo de la Boca su lugar en el mundo.