Seis grados, Roma. Italia vive un renacer turístico apoyado no solo en sus grandes ciudades, sino cada vez más en sus pequeños municipios y en una apuesta clara por la revolución turística con inclusión y la accesibilidad, turismo que llega a todos. A este viraje hacia un turismo más descentralizado y humano se suman cifras que muestran un sector en expansión, lo que da peso y urgencia al impulso de políticas como las destinadas al turismo de proximidad.

Turismo al alza: récord de visitas y relevancia económica

Según datos recientes del instituto oficial ISTAT, 2024 cerró con más de 450 millones de presencias registradas en hoteles y alojamientos turísticos, cifra que representa un incremento de 2,5 % sobre 2023, y consolida un nuevo récord histórico, en ese año, el turismo extranjero mostró un crecimiento notable: las presencias de visitantes de otros países aumentaron un 15,6 % en el cuarto trimestre, mientras las llegadas de turistas residentes en Italia crecieron un 5,9 %.

Este boom convierte a Italia en la segunda nación de la Unión Europea con mayor número de presencias turísticas totales, superando a Francia y solamente por detrás de España. Adicionalmente, el turismo representa una parte significativa de la economía italiana: la agencia nacional ENIT proyecta que en 2024 el sector contribuyó con 10,8 % del Producto Interno Bruto (PIB), y se estima que para 2034 podría llegar a representar 12,6 % del PIB, con un incremento proporcional del empleo generado. Estas cifras muestran que Italia no sólo sigue siendo un destino masivo, sino que el turismo continúa siendo un motor clave de su economía.

Los “borghi”: la base real de un turismo diverso y viable

Pero detrás de estos grandes números hay una geografía menos visible pero estratégica: los pequeños municipios. De acuerdo con estudios recientes, en Italia existen 5.529 municipios con menos de 5.000 habitantes, lo que representa cerca del 70 % de todos los municipios del país.

Esos “borghi” albergan aproximadamente 10 millones de personas y concentran una parte importante del patrimonio cultural, histórico y natural de Italia, representando una oportunidad única para desarrollar un turismo más sostenible, humano, inclusivo y desmasificado. Para aprovechar ese potencial, el gobierno lanzó la iniciativa Piccoli Comuni a vocazione turistica, con una inversión de 34 millones de euros destinada a intervenir en municipios de menos de 5.000 habitantes. El objetivo: mejorar accesibilidad, movilidad, regeneración urbana y sostenibilidad ambiental — para que el patrimonio cultural y paisajístico italiano pueda disfrutarse plenamente, sin barreras.

Inclusión como eje estructural: derribar barreras físicas y sensoriales

El énfasis en la accesibilidad no es retórico. Ante las persistentes barreras —personas con discapacidad visual, auditiva o motriz que encuentran obstáculos en la infraestructura o en la oferta cultural— emerge un nuevo enfoque: rutas inclusivas, tecnologías adaptadas, experiencias multisensoriales y diseño participativo con asociaciones locales.

En un país con casi 5.500 municipios pequeños, esta estrategia no es opcional: es esencial para asegurar que el turismo no reproduzca exclusiones históricas, sino que abra espacios para todos. Sólo así, como señala la experta consultada en esos discursos, el turismo italiano puede transformarse en una fuerza que mezcla belleza, cultura, tradición y equidad social.

Con el respaldo académico, institucional y demográfico

Los datos revisados confirman lo que muchos sectores vienen señalando: el turismo en Italia no solo sigue creciendo en volumen, sino que su estructura territorial invita a reconvertir destinos marginados en lugares de oportunidad. El 70 % de los municipios —los borghi— son pequeños, pero numerosos y diversos; representan una red territorial extensa, con raíces culturales profundas, patrimonio natural, tradiciones vivas.

Al conjugar ese potencial con un turismo responsable, accesible y sostenible, Italia parece estar trazando un camino coherente para transformar su sector turístico: no como motor de saturación y masificación, sino como instrumento de revitalización territorial, inclusión social y valorización cultural.

Conclusión: un turismo con futuro — y con propósito

Hoy, Italia suma cifras récord en turismo y proyecta al sector como pilar económico y social. Pero lo más relevante no está solo en los millones de presencias, sino en la decisión de mirar hacia sus pueblos pequeños: los borghi. Con políticas de acceso, inversión pública y diseño inclusivo, estos territorios tienen la oportunidad de renacer, recuperando identidad, vida comunitaria y sostenibilidad.

El desafío se traduce en una pregunta concreta: ¿será capaz Italia de convertir su riqueza cultural y paisajística en un turismo que incluya a todos, sin exclusiones, valorizando lo local y respetando su patrimonio? Si lo logra, su ejemplo podría marcar un modelo nuevo, responsable y humano para el turismo en Europa y el mundo.